Ahí, justo cuando Santiago nos deja cantar a nosotros, es justo ahí en donde cierro los ojos y me acuerdo de vos, se me viene a la mente tu sonrisa y tu espalda, tus manos agarrándome la cara. Justo en ese momento es en el que cierro los ojos y lloro, me siento libre, sé que si lloro nadie me va a decir nada y hasta muchos, comparten mi sentimiento y lloran en silencio, conmigo. Por esto y por todo lo demás, amo a Salta la Banca. Nunca va a haber otra mujer que los ame así
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