La felicidad sólo es real cuando se comparte
Ayer entró a casa por ultima vez, ayer recibí el ultimo "estoy afuera", le abrí la puerta y se la cerré por ultima vez. Ayer lo vi y lo quise, sentí dolor al saber que no podía besarlo, que no podía abrazarlo como siempre hacia cuando entraba a casa, sentí dolor cuando supe que no era mio, que no me pertenecía  Entro y sin saludarlo le di el paso, le dije que se siente mientras iba a buscar el cenicero, el que últimamente en casa, lo usaba el y nadie mas. Me miro a la cara al hablarme, me contó sobre él como si no nos viéramos hace meses y habían pasado dos semanas, me mostró el piercing que le pedí que se haga, me contó sobre sus cosas, me aclaro otras tantas, me miro con ternura, como si supiera que esa seria la ultima vez que lo iba a ver. Nunca había pasado por la situación de que me rechacen por las narices, nunca. Lo escribo y suena fuerte, pero no fue tan así  por lo menos pensándolo ahora, en frío, no fue tan malo. Fue sincero, y siento que me protegió en algún punto, aun sin darse cuenta. Vino a decirme que se iba, se sentó en ese sillón en el que alguna vez me beso, para pedirme que no llore, que alguien me iba a hacer mas feliz. Y no lo escuché, me bloqueé en el instante en el que escuche un NO, y no pude mas, me enoje y lo eché, de alguna u otra forma, lo eché y sin hablar, me dejo sola, lo vi con su ceño fruncido (Ese que ponía cuando no me entendía)  y no espere a que entre al auto, lo deje ir, aunque no quise, lo deje ir de nuevo. 
Me quede con un abrazo, un par de lagrimas y el cenicero lleno. 

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