Ella tiene la mirada cansada, no tiene otro punto fijo mas que el suelo que la sostiene, él la besa con fuerza, anhelando una respuesta, la que hace semanas espera. Creyeron que unidos saldrían adelante y que con la esperanza bastaba pero la cruel resignación gano el partido y él formó una coraza que cubría su cuerpo, la negación lo invadía y lo alejaba a una realidad en la que ella había dejado de ser protagonista y pasó a convertirse en una herramienta de su objetivo o hasta, en algunos casos, en un obstáculo a derribar; el sueño ya no era compartido.
La fuerza de sus labios resultaban, para ella, una presión en el alma que la obligaba a fingir que lograría algo que de ella no dependía, comenzó a actuar cuando se dio cuenta de que ya no quería lo mismo que él y que lo destrozaría el solo insinuarlo. Las inyecciones como puntadas en el pecho que en el momento del fracaso simulaban un infarto en el alma, las lágrimas confundidas y la sangre no queriendo unirse. Ella estaba cansada y enojada, ella explotó.
Llueve afuera, el cielo grita una verdad ya sabida, con una voz tenebrosa e hiriente; él esconde su miedo y finge necesitar besarla, ella responde fríamente sin levantar la vista pero las cartas sobre la mesa no pueden esconderse esta vez, sólo una frase asquerosamente alentadora basta para que la furia en ella empiece a crecer; la tormenta se anunció junto a él, que empezó a vomitar palabras como lo hacía desde hace ya cinco años, era un casette viejo, la canción que te obliga a cambiar de radio, el agua hirviendo en la cocina. Ella decide levantar su cabeza por última vez, lo mira con pena y le pide que la escuche; los truenos suenan claros como su verdad, él la mira perplejo, conoce esa realidad, pero la ira lo enceguece. Otro corazón se había ido para no volver, sus valijas estaban en la puerta, el sol despejado le anunciaba otro camino.
La fuerza de sus labios resultaban, para ella, una presión en el alma que la obligaba a fingir que lograría algo que de ella no dependía, comenzó a actuar cuando se dio cuenta de que ya no quería lo mismo que él y que lo destrozaría el solo insinuarlo. Las inyecciones como puntadas en el pecho que en el momento del fracaso simulaban un infarto en el alma, las lágrimas confundidas y la sangre no queriendo unirse. Ella estaba cansada y enojada, ella explotó.
Llueve afuera, el cielo grita una verdad ya sabida, con una voz tenebrosa e hiriente; él esconde su miedo y finge necesitar besarla, ella responde fríamente sin levantar la vista pero las cartas sobre la mesa no pueden esconderse esta vez, sólo una frase asquerosamente alentadora basta para que la furia en ella empiece a crecer; la tormenta se anunció junto a él, que empezó a vomitar palabras como lo hacía desde hace ya cinco años, era un casette viejo, la canción que te obliga a cambiar de radio, el agua hirviendo en la cocina. Ella decide levantar su cabeza por última vez, lo mira con pena y le pide que la escuche; los truenos suenan claros como su verdad, él la mira perplejo, conoce esa realidad, pero la ira lo enceguece. Otro corazón se había ido para no volver, sus valijas estaban en la puerta, el sol despejado le anunciaba otro camino.
CABTG
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